May-08 9

Marcas de expresión

            Mi madre ha pasado a recogerme y estamos en Independencia haciendo tiempo hasta que Sara salga de su clase de danza. Mi madre dice que se le ha acabado el desodorante. Entramos en Sephora y le dan a elegir entre uno de Clinique y otro de Biotherm. Los dos valen más de quince euros. Escoge uno de los dos y algodones desmaquillantes. Le pregunto si realmente quiere gastarse casi veinte euros en un desodorante. Me mira y hace un mohín con la boca. Tengo razón, según ella. Me pide que devuelva las cosas a su sitio y yo intento que la señora que le ha ofrecido los desodorantes no se dé cuenta. Salimos de allí y vamos hacia Yves Rocher. Hay un montón de ofertas y casi todos los productos tienen descuento. Mi madre elige una hidratante corporal y yo miro el anticelulítico de última generación totalmente vegetal y ecológico. Luego mi madre le pide a la chica que le recomiende una crema. La chica le dice que la blanca “ayuda a prevenir que aparezcan marcas de expresión” y la roja “es para matizar las marquitas de expresión ya consolidadas”. Mi madre le dice que ella ya las tiene consolidadas y se lleva la roja. Luego nos miramos y nos aguantamos la risa. Le pido una hidratante para mí a la misma chica y me aconseja la blanca. Le digo que soy muy joven y ella me dice que “es, más que nada, prevención”. Me convence. Voy hacia la caja con mi madre y pienso que comprar la primera crema antiarrugas es como un rito iniciático y me alegro de que mi madre esté a mi lado, sonriendo.

Abr-08 3

Hilo dental

            Mi dentista es mi dentista desde que voy al dentista, un poco toda la vida. Es también dentista de mis padres y de mis hermanos; de mis tíos y de mis primos. A mí me da pereza ir sobre todo porque nos da hora a todos a la vez y luego yo tengo que esperar a que acabe con mis hermanos o mi madre en la sala de espera. Lo mejor de mi dentista es que nunca me ha dicho que tenía los dientes mal o que no me los lavaba tres veces al día y se me caerían. Siempre me ha dicho que tengo muy bien los dientes y que con un poco de dedicación, no tendré problemas. Desde hace diez años, cada vez que he ido me ha explicado cómo se pasa la seda dental: se enrolla en los dedos corazón de cada mano y se sujeta con los pulgares hacia arriba para la dentadura superior, y con los índices hacia abajo para la inferior. “¿Te pasas la sedica?”, me preguntaba últimamente. “A veces”, mentía yo. Hasta mi última visita. Me había saltado algunas revisiones anuales y aunque sólo me hizo una limpieza, me dolió como si me fuera a extraer una pieza. Así que, al salir del dentista, me fui muy decidida a comprar seda dental. Las farmacias ya habían cerrado y entré en un supermercado. La seda está entre los cepillos y la pasta de dientes, claro. Lo que yo no sabía era que había distintos tipos de seda dental: con cera y flúor, de nylon, con sabor a menta, para encías sensibles… Cogí una al azar. Ha estado en el baño unos dos meses, si abrir. Hasta que la otra noche me decidí: hoy me paso la seda, pensé. Cogí la caja de la seda, que conservaba su precinto perfectamente, y busqué la típica línea troquelada que facilita la apertura. No había. Estuve a punto de desistir porque tenía sueño. Con una horquilla rompí el cartón y pude sacar por fin la seda. Corté un trozo y me lo enrosqué en los dedos corazón con los pulgares hacia arriba.  

Abr-08 1

Pasión en el Bacharach

1. El miércoles ya empezaron las procesiones, aunque creo que la Pasión todavía no. Aún así, mientras desde la barra sólo se veían los capirotes moviéndose, entraron tres chicas que pidieron tres gintonics y a David Bowie. Se sentaron en una de las mesas que hay junto a la ventana y cantaron “Space Oddity” a ritmo de tambor y bombo.

2. El jueves santo es la última cena, la oración del huerto y “Getsemaní“. Sergio me contó que él canto una vez en directo Getsemaní y que el falsete le hacía llorar y que se arrepentía de no haberlo grabado. Así que le pedí que lo cantara detrás de la barra.

3. El viernes santo fui al teatro en mi hora de cenar mientras por delante del bar pasaba la procesión resumen de la Pasión, según me contó Maribel, era como los resúmenes de 24. Por la tarde había estado discutiendo con dos chicos –uno, guapo y pianista, y el otro llevaba una chaqueta de pana- porque uno de ellos –el guapo- aseguraba que la última cena fue el miércoles. Después llegó Ana con espidifén y una empanada en papel albal.

4. El sábado invité a Ana a comer y se esforzó por enseñarme el acorde de LA en su guitarra acústica recién comprada de segunda mano. Por la noche estuve trabajando con una chica cuyas motivaciones para ser camarera no comparto: ligar y hacer amigos. Por fin, después de conseguir que se fueran los últimos clientes y recoger todas las chapas que mi compañera había dejado en el fregadero, cerré el bar. No había más procesiones.

5. El domingo de resurrección entró en el bar una pareja: su coche les había dejado tirados y estaban esperando un taxi. Creían que eso les daba derecho a comportarse como si fueran los dueños. Así que les dije que estaba flipando un poco con ellos y seguí cargando las cámaras. Luego me pidieron perdón y al rato se fueron.

Mar-08 25

Un señor bajito

Rafael Azcona murió hace dos días.

Mar-08 6

Días amarillos

        En Amarillo (Plot, 155 páginas) Félix Romeo intenta explicar por qué Chusé Izuel se tiró por la ventana un 27 de febrero de 1992. Dos años después, en 1994, apareció el libro de relatos Todo sigue tranquilo, de Chusé Izuel.

Amarillo es un libro que habla de la amistad, de las borracheras, de los primeros amores y de tres amigos que se conocen desde el colegio y que se llaman como sus padres. Habla también de literatura, de escribir y entrevistar a escritores, de la muerte, de los padres y del suicidio de uno de esos tres amigos. Es también un retrato de Zaragoza y de la ebullición cultural de los noventa. Es una despedida del amigo muerto, un intento de buscar explicaciones, indicios de lo que iba a pasar y una expiación de la culpa. En esa investigación hay cartas, relatos, entrevistas y una necrológica.

        Conozco a Félix desde antes de que naciera mi hermano Diego y aunque me sonaba algo la historia de Chusé, no la supe entera hasta que conocí a Marián o Mariángeles, la chica que fue novia de Chusé hasta un par de años antes de que se suicidara. Marián y yo nos llevamos bien enseguida, así que no tuve reparos en preguntarle por Chusé. Me contaba que una vez ella y una de sus hermanas lo habían encerrado en la galería de la casa de los padres de Marián para que no lo vieran. Luego él había escrito un relato en el que fantaseaba con tirarse al vacío desde esa galería. Me sorprendía que, a pesar de que aparentemente él se había suicidado por desamor, ella lo recordaba como una época divertida. No había ni rastro de sentimiento de culpa. Marián leyó el manuscrito antes de que fuera publicado y lo definió como un exorcismo.

        Amarillo “es un libro sobre el crimen perfecto”, dice Félix. No quiere ser una biografía de Chusé Izuel, ni una investigación, es un libro sincero y estremecedor. Amarillo es un elogio de la vida que desperdició Chusé Izuel cuando se tiró por el balcón del piso que compartía son sus amigos en Barcelona después de comerse una tortilla francesa.

Mar-08 6

Vecinos

        Cuando mi hermano me dijo que le habían ofrecido un trabajo como guionista para un programa de actualidad de TVE, me alegré mucho. Él es un devorador de actualidad, pensé. Luego me di cuenta de que para ese trabajo tendría que mudarse a Madrid y que ya no seríamos Friends, versión vertical, nunca más. Entonces la idea me dejó de gustar un poco. Habían pasado unos meses y ya creíamos que el programa se habría caído y que se quedaría aquí y que seguiríamos siendo vecinos. Y yo pensaba que me seguiría llamando por las mañanas para venir a fumar a mi casa y que seguiríamos comiendo juntos en su casa, y que me preguntaría si iba a la facultad para que devolviera algún libro de la biblioteca o para que le trajera alguno, pensaba que seguiríamos comiendo con mi madre todos los días que trabaja por la tarde en el Dumbo.

El viernes pasado le dijeron que se incorporaba el martes.

Barreiros, como sabe que le llevo siguiendo desde hace tres años –de París a Garrapinillos y de ahí, a Goya-, está asustado y cree que en cualquier momento me iré a Madrid. No sé si tiene razón pero hoy es el tercer día que no viene a fumar a media mañana a mi casa y lo echo de menos.

Mar-08 6

Rumores

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El lunes se presentó Saber perder, la última novela de David Trueba. Mi hermano presentaba el libro, con Luis Alegre y Pep Guardiola. Barreiros se había hecho del Barça en el 92 y Guardiola había sido uno de sus ídolos durante mucho tiempo.

En la presentación Guardiola contó que había conocido a David Trueba en un recital de poemas y sospechaba que acudir a recitales de poesía era uno de los motivos por los que se decía que era gay. Después de la presentación Luis recordó los años en los que más se insistía en la homosexualidad de Guardiola -96, 97, 98-. Barreiros le dijo que nunca pensó que fuera gay, “ni siquiera, le dijo, cuando besabas a otros jugadores llorando”.

Yo tampoco me acordaba de esos rumores. Y pensé que no habría sido para tanto. Como mis dos compañeras del Bacharach son del Barça o futboleras, les dije que había estado con Guardiola. Su primera respuesta fue si era gay realmente. Les dije que no, pero no sirvió de nada.

*La foto es de David Barreiros.

Feb-08 25

Marah, Nick Hornby, la antipodina, mi hermano y yo

El sábado fuimos al concierto de Marah en el que participaba Nick Hornby. La verdad es que yo fui un poco de rebote y como soy bastante vaga no había hecho los deberes. Mi hermano, que es un chico muy trabajador y muy aplicado en todo lo que hace, sí. Springsteen dijo que Marah era uno de sus grupos favoritos y mi hermano escuchó los discos un par de semanas antes del concierto. Como a lo mejor entrevistaba a Nick Hornby también releyó la mayoría de sus libros. Yo sólo había leído Alta fidelidad.

Mi hermano y la pequeña antipodina vinieron al Bacharach a recogerme: se tomaron una cerveza y un tequila sunrise y nos fuimos hacia allí. Comimos un kebab y entramos en el Oasis. Por el camino mi hermano comentó que le apetecía pero al mismo tiempo le daba pereza la parte de Nick Hornby: no sabíamos si leería poemas, pincharía o qué haría. La opción de la lectura de poemas me daba muchísima pereza y más miedo.

Uno de los cantantes de Marah salió al escenario acompañado de su manager y dijo que hacía trece añes la vida de Nick Hornby había sido destrozada por un tal Nayim; luego dijo que desde entonces, Nick Hornby había rechazado siempre venir a Zaragoza y que esa noche, la leyenda se rompía. Ya estábamos entregados. Nick Hornby salió al escenario con un puñado de folios en la mano y leyó el primer capítulo de lo que mi hermano bautizó como una historia personal del rock. Iba alternando capítulos de esa historia autobiográfica con canciones de Marah, para finalmente dejar al grupo solo ante el público. Me acordé de mi amigo Julio, que siempre dice que si hay algo que le duele de verdad en la vida es saber que nunca será Bruce Springsteen.

El domingo fuimos a comer a Garrapinillos y jugamos un partido de baloncesto. La pequeña antipodina no pudo jugar: llevaba un moratón en la mano derecha que se había hecho aplaudiendo a Marah.

http://www.marah-usa.com/home.php

Feb-08 14

Bacharach

Ayer me enteré a eso de las cinco y media de que tenía que trabajar en el bar: Sergio tenía fiebre y, mientras se afeitaba para ir al médico, su móvil se cayó en el lavabo y se mojó completamente y quedó inutilizado. Había tenido que ir al bar para avisarme desde el teléfono de Almudena. Me asusté un poco cuando oí una voz de hombre al otro lado y la pantalla de mi móvil decía Almudena. Le aconsejé que metiera el teléfono en arroz y él se rió. “El arroz absorbe el agua” dije muy en serio. Me dio vergüenza contarle que se me cayó el móvil en el váter de la estación de autobuses hacia Teruel, que era una de las que peor olían de Zaragoza. Tiré de la cadena y lo recogí. Lo limpié con un pañuelo de papel, porque no había papel higiénico. Mi amiga Ana me dijo que lo mejor era el arroz, porque absorbía el agua. Así que metí el teléfono en un bote lleno de arroz y esperé. Un par de días después, el teléfono volvía a funcionar. No fueron los mejores días de mi vida: estaba incomunicada en Teruel. Sólo le dije que estaría allí a las ocho y le pregunté si necesitaba algo.

Cuando se fue Almudena, entró una chica diciendo que era de una distribuidora y que quería ver a mi compañero. No sabía a cuál de los dos se refería pero los dos estaban incomunicados: Sergio sin teléfono y Enrique sin batería. La chica dijo que volvería otro día. Después vino el del alcohol. No había ninguna lista ni ningún pedido cerca de la caja. Llamé a Almudena: llamaríamos al día siguiente y haríamos el pedido por teléfono. Luego entró un representante de no sé qué marca de vajilla, me dijo que éramos clientes y me preguntó qué hora era buena para encontrar a los jefes. Le dije que probara suerte al día siguiente.

No sé muy bien cómo, me encontré escuchando las aventuras de cuatro Erasmus, dos franceses y dos italianos –que decían que los profesores les trataban mejor que al resto de Erasmus por ser sicilianos-. Pensé en Almudena, que siempre que algún tío la mira o le dice algo, ella me dice: “Si me enrollo con ese tío, le destrozo la vida. No levanta cabeza” y pensé que en mi caso, con casi cualquiera de los Erasmus, sería al revés. Vacié el botellín de agua de un trago y me fui a secar vasos.

Feb-08 13

Zapatillas

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No me acuerdo cuánto hace que me compré estas zapatillas. A Barreiros no le gustaron porque decía que las llevaba Emilio Aragón. Últimamente me reñía porque las llevaba muy sucias. Seguían sin gustarle y además le daban asco. Esta mañana he descubierto que tenía la parte de atrás de la zapatilla izquierda completamente rota y he ido a por un par nuevo. Me ha dado un poco de vergüenza cuando las he visto al lado. Barreiros tenía razón: había que limpiarlas.

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